Aristóteles creía que el hombre estaba dotado por nacimiento con un crédito ilimitado de una sustancia vital o energía que lo mantenía con vida mientras el capital existiera. En la actualidad todos los estudios están de acuerdo en definir el envejecimiento como un proceso complejo de acumulación de cambios celulares que se producen con el paso del tiempo y que incrementa el riesgo de sufrir enfermedades y morir. También hay consenso en eso de que las alteraciones orgánicas degenerativas no nos afectan a todos por igual, cada persona tiene su propio ritmo.

En lo que no parece existir todavía unanimidad de criterio es en el porqué de hacernos viejos. Hay más de 200 teorías que intentan explicarlo, cada una desde una perspectiva científica diferente, que se complementan pero no se excluyen. No hay una hipótesis global que nos aclare el misterio. Eso sí, hay dos grandes corrientes de opinión: Las que argumentan que el envejecimiento es consecuencia de acontecimientos impredecibles que inciden sobre el organismo, y aquellas que sugieren que la vejez se debe a una serie de eventos predeterminados de antemano.

Entre las teorías basadas en acontecimientos aleatorios, existen unas cuantas destacadas. La del entrecruzamiento, que postula que las proteínas y otras moléculas con el paso del tiempo desarrollan enlaces cruzados que se acumulan y entorpecen el funcionamiento de la célula. En la piel el entrecruzamiento daría lugar a las arrugas. La teoría del desgaste afirma que el organismo se va deteriorando por el uso hasta que aparecen los rasgos característicos de la senescencia.

La teoría del daño y reparación del ADN asegura que éste está perjudicado por la acción de los radicales libres, los tóxicos, las radiaciones ionizantes y otros factores. Aunque el ADN está dotado para autorrepararse, llega un momento en que las averías sobrepasan la capacidad de reparación y comienzan los errores de transmisión del código genético.


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